Mi primer vuelo solo Mi Primer vuelo solo

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La verdad, no recuerdo con exactitud cuando fue que nació en mi la idea de ser Piloto Comercial; y menos puedo recordar cuando fue que deseé por primera vez aterrizar por mi propia cuenta un avión; lo que si les puedo asegurar es que no hay otra cosa que haya deseado con más fuerza y por más tiempo que esta en toda mi vida.

Por diversos motivos, en 1998 cuando me gradué de la escuela secundaria no pude aspirar a hacer la carrera de aviación que tanto anhelaba. Afortunadamente,  a principios del 2000 descubrí algo que me ayudaría a saciar mis ganas de volar: el flight simulator. Confieso que me volví tan adicto al simulador que ni siquiera los cursos de cálculo y electrónica de la universidad me hicieron trasnochar tanto. Por mi cuenta, leí muchos libros, blogs de aviación y me uní a comunidades de aviación virtual a través de las cuales aprendí como volar, navegar y aterrizar. Llegué a sentirme un verdadero piloto y aterrizaba todos los aviones del simulador de forma manual y perfecta. Gracias a esto, me imaginé capaz de aterrizar un avión de verdad solo y sin ayuda.

Luego de muchos años de anhelo, y tras haber recorrido un largo camino, Dios me está regalando la oportunidad de hacer realidad mi sueño: ser piloto.

 

Aeromet mi escuela de vuelo

Cuando tuve la caña del Cessna 172, CC-CYG de Aeromet en mis manos y levanté por primera vez el vuelo, sentí una emoción tan grande que no tengo palabras para describirla, sin embargo, también sentí que eso era solo un pañito de agua tibia y que no era suficiente para calmar la fiebre por volar que tengo desde niño. Definitivamente, quería mucho más.

Las primeras horas de vuelo me ayudaron a sentir el avión, a medir con cuanta fuerza debía operar los comandos; poco a poco me acostumbré a experimentar las aceleraciones y las turbulencias propias de volar en un monomotor.

La importancia de tener un instructor con experiencia

Con los conocimientos y consejos que me transmitió mi instructor, además de la sólida fundamentación teórica que había logrado en las clases magistrales de la escuela (y no olvidemos la confianza que me tenía gracias al simulador), desde el primer turno intenté aterrizar el avión, pero obviamente, me llevé la gran sorpresa de que en la realidad es más difícil de lo que el simulador me había hecho creer. A pesar de esta dificultad mayor, y gracias a la ayuda de mi instructor, mi primer aterrizaje no estuvo tan malo: sólo di un pequeño rebote que, pese a mi auto exigencia, no me quitó la satisfacción por el trabajo hecho.

Para los siguientes turnos, estudié usando la técnica del “vuelo en seco”. Debo confesar que estudiar de esta forma al principio me hizo sentir un poco ridículo (eso de andar repitiendo en voz alta y con los ojos cerrados mientras uno se imagina la maniobra me parecía de gente loca), sin embargo, los resultados de este método fueron bastante buenos y en mi caso, fue la forma más fácil para aprenderme los procedimientos. Vinieron las prácticas de virajes amplios, medios y escarpados, vuelo lento, stall (prevención y completo), emergencias simuladas de motor, aproximaciones sin flaps, etc. y fui ganando la pericia y control que se necesita para el primer vuelo solo.

El gran día llego:

16 de octubre de 2014. Aeródromo La Victoria de Chacabuco (SCVH), aeronave CC-CYG, C172 de Aeromet y yo como piloto al mando. Les puedo asegurar que la sensación de plenitud que sentí en ese momento ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. Antes de comenzar el vuelo, agradecí a Dios por regalarme la oportunidad. Luego me concentré en la operación del avión. Saqué de mi mente todo lo que no tenía que ver con volar, en ese momento solo fuimos el avión y yo. Me aferre más que nunca a la lista de cheque, a los briefings y recordé cada procedimiento que me había enseñado mi instructor, especialmente las observaciones y correcciones que me había dado durante las practicas. Me llené de confianza y comencé la tarea: debía realizar tres circuitos de tránsito izquierdo para la pista 21 de Chacabuco con aproximaciones normales y aterrizajes completos.

El primer circuito lo realicé más concentrado que Guillermo Tell cuando disparó con su ballesta a la manzana que estaba sobre la cabeza de su hijo. El aterrizaje fue suave y centrado en el primer tercio de pista. Con esto, en los próximos dos circuitos estuve igual de concentrado pero también más relajado y disfruté mucho más del vuelo. Acá podrán ver el video de mi tercer circuito.

Al finalizar el vuelo, de la emoción que tenía sólo me quedó persignarme y darle gracias a Dios por haberme permitido cumplir mi gran sueño. Cuando mi instructor vino hasta donde estacioné el avión, tenía tanta felicidad y emoción que en ese momento me quedé sin palabras. Simplemente, fue un momento maravilloso e inolvidable.

Para terminar, les comparto un par de fotos de mi bautismo. Nunca antes en la vida me había rapado la cabeza, pero este hito alcanzado bien valía la pena como excusa para hacerlo por primera vez. De esa forma, nació un nuevo Álvaro: el Piloto!

Y ahora cuéntanos, ¿Cómo fue tu primer vuelo solo?

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